El no-matiz como premisa de supervivencia.
Escribe Davis.
Una de las premisas
que propone Hancock en sesudo análisis realizado en la más absoluta de las
aleatoriedades situacionales, tal como nos tiene acostumbrados, es que para
llevar una vida más plena, satisfactoria, trascendente, se requiere la
eliminación del matiz en todo aspecto vital y cotidiano.
¿Qué pasa cuando en
una vida dejamos de admitir el matiz? Quizás sea un experimento para el que éste
resulte tiempo propicio. El verano es tiempo propicio para casi todo comienzo, así
como la primavera lo suele ser para algunos finales. Indaguemos pues de manera
inicial y provisoria algún aspecto de esta teoría.
El no-matiz como
premisa de supervivencia, paradojalmente, no significa que nos convertiremos en
seres lanzados hacia el futuro, tomando decisiones, asumiendo riesgos sin
cavilar y viviendo vidas aventurosas. Nuestra filosofía no requiere la decisión
definitiva, no supone la eliminación de las posibilidades. Por el contrario: una
vida vivida según esta regla buscará lograr justamente lo que no admitimos en
la neurosis de la normalidad aparente. En la medida que encontremos algún goce
en ello, también nos permitiremos transcurrir indefinidamente en la
ambivalencia -y hasta en la multivalencia, si somos lo suficientemente afortunados
de tener más de dos opciones. El no-matiz no obliga a elegir ni a definir, ni
siquiera a avanzar. Habrá otras reglas para eso. Nos llevaremos por lo que
marquen los astros, las entrañas de las aves o lo que venga en gana.
La regla del no-matiz
es una cuestión anterior y mucho más sutil. El no-matiz no es una regla sobre cómo elegir. Se trata más de identificar lo que
no admitiremos como opción, y no tanto de cómo elegir entre las opciones que
tenemos. Con el no-matiz lo que no hacemos es admitir la componenda, la
transigencia, la contemporización. La vuelta. El “split the difference”. Si ante
un aparente curso de acción, si ante una aparente alternativa, se presenta de
inmediato un depende, se plantea la negociación, se canta el retruco, se recula
con un si-pero, viene con un siempre-y-cuando, te sugieren buenas prácticas, te
dan un manual de uso o te marcan un compás, entonces para nosotros, los
antimatices, esta alternativa deja de serlo: si hay matiz, no es una opción. Que pase el que sigue.
Creemos profundamente -todo lo profundo que se puede creer algo pensado al sol de enero- que la
regla del no-matiz es una premisa de la libertad. Posiblemente sea una de sus
condiciones necesarias. Haremos entonces, en este tiempo propicio que se presenta, el experimento de una vida sin matiz.
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